La importancia del no.

Era 1976 y el mundo entero vio a Jack Nicholson recibir el oscar a mejor actor por Alguien voló sobre el nido del cuco. La sonrisa más demente del cine cerró sus agradecimientos mencionando a su agente que, diez años antes, le había dicho que se olvidase de ser actor.

Sobran ejemplos de artistas que han triunfado y a los que, en algún momento de sus vidas, les dijeron que no eran aptos para lo que pretendían. Me gusta especialmente pensar en el Nicholson de los sesenta que tuvo que encajar ese rechazo y compararlo con el animal casi mitológico que se sienta en primera fila a ver a los Lakers.

Seguramente porque el cine nos ha hecho así, la lectura obvia de esta historia es la de un agente inepto que no fue capaz de reconocer el talento cuando lo tuvo delante. Un tipo arruinado, emborrachándose en apartamento mugriento, mientras en la televisión encendida ve la entrega de los oscars. Cuando Jack le menciona contesta a la pantalla un son of a bitch en medio de un erupto y la cámara funde a negro con los aplausos de fondo.

Pero podría ser también que aquel agente tuviese razón. Que efectivamente diez años antes de ganar su primer premio de la academia, aquel Jack aspirante a actor no tuviese aún talento suficiente para la interpretación o, al menos, no tanto como otros actores a los que representaba. Quizá pensó que tenía demasiada cara de loco o un físico que no era nada extraordinario, y razón no le faltaría. En realidad da igual si aquel agente tenía razón cuando le dijo que no valía y diez años después consiguió hacer una interpretación como la de Alguien voló sobre el nido del cuco, está claro que Nicholson supo cómo invertir su tiempo trabajando. Si fuese así su carrera tendría aún más mérito, si cabe.

La pregunta lógica que surge en este tipo de casos es ¿cuántos artistas nos hemos perdido porque, un día, algún eslabón intermedio de la cadena les dijo que no valían? Muchos, seguramente. Todos aquellos que estuviesen aún tan tiernos como para no darse cuenta de que es muy fácil negar la existencia del talento porque es algo intangible y que la única manera de protegerse contra ese ataque es seguir insistiendo y trabajando.

Foto: Bibiana Candia.

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