Parecer ocupado.

Sé que sonará extraño pero hubo un tiempo en que tenía un trabajo respetable en una oficina con horario y pagas extra. Compartía el espacio con un individuo que se sentía molesto porque, según él, yo resolvía las tareas demasiado rápido. Su problema era que hacía ver a los demás que eran demasiado sencillas. En aquella época solía emitir mis juicios basándome solo en lo inmediato y no supe ver que su actitud iba un paso más allá de escaquearse del trabajo.

La gente venía a gestionar cualquier trámite casi disculpándose, él resoplaba tres o cuatro veces, tiraba el papel con desprecio encima de la mesa y les decía que estábamos muy liados, que ya si eso a ver si mañana o pasado. Cuando la persona se marchaba consternada dando las gracias, él relajaba la expresión y volvía a sacar el crucigrama de debajo de la mesa.

Yo miraba a aquel tipo con una mezcla de admiración y estupor profundo, él a mi como la censura que amenazaba su gran obra vital construida pacientemente durante más de una década.

Después de años sin pensar en él, volvió a mi mente hace poco cuando anunciaron que Seinfeld estará por fin disponible en Netflix en 2021. De repente, en medio de la emoción de reencontrarme con el personaje de George Costanza, me acordé de la escena en la que explica a Jerry y a Elaine que la clave para parecer ocupado y que en el trabajo no te encarguen tareas es fingir que estás siempre enfadado. Y entonces lo entendí todo.

Si en aquella especie de mala sitcom que era nuestra oficina hubiese habido una audiencia mirándonos nadie se hubiera reído conmigo. Él era Costanza y yo el payaso serio que le daba la réplica y arruinaba el plan del protagonista. Darme cuenta de esto, tengo que reconocerlo, me dolió bastante en el orgullo. El personaje sin gracia no suele ser interesante, ni en la vida real ni en la comedia. La parte buena de todo esto fue que, como si de repente le hubiese aplicado un filtro cómico a la memoria, empecé a recordar anécdotas que hasta hacía poco me resultaban irritantes y, por el solo hecho de identificarlo a él con George, en mi cabeza se transformaron en sketches que, por primera vez, me hicieron llorar de risa.

Estamos acostumbrados a escuchar que el humor es igual a tragedia más tiempo, quizá sería más exacto decir tragedia más distancia, entendiéndose distancia como espacio a veces temporal y otras, puramente física. No nos resulta tan complicado hacer chistes sobre una desgracia en un país lejano, o sobre una noticia absurda de la que no conocemos a los protagonistas. Cuando las cosas se vuelven personales tendemos a perder peligrosamente el sentido del humor. No es que yo no conociese toda esta teoría antes, es que nada puede competir con la experiencia cuando se te presenta por sorpresa, así de plana y simple.

George Costanza sigue siendo uno de mis personajes de ficción favoritos no solo porque es reconfortante ver a un ser profundamente mezquino salirse con la suya, sino porque también me ha enseñado que es importante ser capaces de mirarnos con distancia y tomar perspectiva. Solo así es posible que veamos lo ridículo de muchas situaciones que consideramos incómodas. Ojalá haberlo entendido entonces, ese pequeño gesto me hubiese facilitado muchísimo las cosas.

Imagen: Bibiana Candia

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