Sala de Espera

A veces una tiene delante un personaje y le sucede como con las personas reales, que no es capaz de reconocerlo, que le suena de algo pero no sabría decir exactamente qué le ha traído a esta historia y por qué. Una especie de certeza intramuscular me dice que él está donde debe estar, y que soy yo quien no se ubica, así que vuelvo a leer otra vez lo que acabo de escribir porque la respuesta debería estar aquí mismo, en mis dedos.

No suelo entrar en pánico porque he sido adiestrada como una funcionaria diligente, y sé que sólo es cuestión de identificar al sujeto: nombre, si lo tiene, rasgo distintivo, época o recuerdo vago al que se asocia… mientras los engranajes de la historia van tomando velocidad los personajes se sientan y esperan. En un alarde de profesionalidad no suelen interactuar entre ellos hasta que no son asignado a un destino definitivo. La mayoría suelen venir armados de paciencia.

A veces, por suerte muy pocas veces, algunos pierden los nervios. Amenazan y tiran todo por el suelo, el último hoy mismo me pidió hablar con algún superior porque según él, yo era una incompetente.

En el mismo momento en que me insultó caí exactamente en quién era, sonreí amablemente y le ofrecí tomar algo para que se calmase, le dije que todo estaba en orden, que no necesitaba saber más. Se volvió a sentar mirando con superioridad al resto de los que había en la sala, el pobre es de ésos que entienden el respeto como una amenaza.

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